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martes, 21 de agosto de 2012

Conciencia


A veces soy capaz de ver mi conciencia. Yo no sé cómo será tu conciencia, pero la mía es muy poca cosa. Es una habitación blanca sin paredes ni techo, solamente un suelo infinito, blanco en todas direcciones. Y en medio de la habitación hay un espejo de plata, grande, muy grande. Y enfrente del espejo estoy yo, desnudo, despojado de cualquier defensa, de cualquier armadura, de cualquier arma, de cualquier ropa. Solamente yo mismo frente al espejo.
Dicen que hay gente que tiene la cabeza bien amueblada. Yo me imagino un ir y venir de hombrecillos diminutos por dentro de la cabeza de alguien arrastrando sillas y mesas y armarios con vajillas caras. Y escritorios del siglo XVIII con aire abigarrado, y pesados relojes de oro con toda clase de animales esculpidos en ellos, y un guirigay por todas partes, con los muebles arrastrándose por doquier, y los hombrecillos gritando improperios. “¡Ey, cuidado con mi cabeza!”. “¡¿Qué hace ahí tu cabeza, es que no ves que estoy llevando una mesa?!”. “¡Eh, tío, ¿qué coño te pasa? Relájate!”
Y es que además en estas cabezas bien amuebladas están siempre de reformas, y otros hombrecillos barrigones han construido un andamio altísimo y están tapando goteras con un poco de escayola para salir del apuro. Tienen, además, una radio encendida a todo volumen. Se escucha “Los Cuarenta Principales” en toda la manzana.
Y así es como me imagino yo una cabeza bien amueblada. En cambio mi conciencia no tiene más muebles que ese inmenso espejo argentado. Y yo mismo me siento frente al espejo y lloro. Quizá tengo algún tipo de anorexia moral, porque cada vez que me veo reflejado en el espejo de mi conciencia me veo peor.
Esta mañana, por ejemplo, le he pegado una colleja a mi hermano pequeño porque me iba ganando en un juego de mesa. Entonces él se ha puesto a llorar y a mí me ha costado horrores pronunciar “lo siento”. Después me he visto irremediablemente reflejado en el espejo de mi conciencia  y mi personal Pepito Grillo ha enviado un verdugo contra mí.
Su verdugo es una especie de basilisco que me corroe las entrañas. Es una sensación parecida a estar enamorado, pero en lugar de querer a alguien te odias a ti mismo.
Y por último estoy aquí sentado, frente a una página en blanco, tratando de describir mi conciencia. Y mi reflejo anoréxico me observa con cara de pocos amigos desde el espejo, y me pregunto si realmente existe.

domingo, 22 de julio de 2012


Mis pasos suenan demasiado ruidosos en la casa vacía. Quizá suenan todavía más potentes en mi cabeza tus palabras. El sol entra por los cristales sucios y rotos de las ventanas sin cortinas. Un paso. Otro paso. Y otro. La cocina parece demasiado grande sin una mesa, ni sillas, ni ese olor a la paella del domingo. A cambio, un banco de mármol blanco, completamente vacío, cubierto por una pátina no tan fina de polvo, parece decir algo que yo no alcanzo a comprender.
En el salón no hay sillones y un televisor del siglo pasado descansa sobre el suelo porque alguien se llevó tiempo atrás el mueble que lo soportaba. En el revistero un par de periódicos amarillos de tiempo datan de octubre del noventa y cinco. Sigo andando por la casa -¿o por mis pensamientos?- sin rumbo aparente.
Camino perdido en un mundo que no es mío. Me da la sensación de que se me escapa algo. Todo a mi alrededor parece formar parte de una cósmica jugarreta que no logro descubrir. El silencio de las paredes, de las estanterías y de los libros, de las ventanas y hasta del aire es una suerte de silencio burlón. Hay en esta casa una historia increíble que anda sepultada por una capa gruesa de polvo y años, y hay dentro de mí una historia oculta por otros tantos años por venir.
¿Es que acaso todas las fuerzas del universo se han conjugado para cerrarme los ojos y los oídos? Y en medio de la casa silenciosa caigo de rodillas y una lágrima huye mejilla abajo en busca de un libro ya cerrado y de otro que todavía no se ha escrito.

sábado, 23 de junio de 2012

Noche

Hoy toca otro microrrelato. Esta vez versa sobre la noche. Es, como todos, una reflexión personal sobre una experiencia más o menos cierta.

03:28 am
No puedo dormir. Me levanto en la oscuridad y camino a tientas hacia la ventana. La abro y entra la noche. La noche con su silencio y su oscuridad.
El silencio nocturno se me antoja casi sagrado. Camino como un sacrílego, temeroso de romper el silencio. La oscuridad fuera de mi ventana es más oscura… ¿cómo explicarlo? Es una oscuridad más grande, más salvaje, más profunda, más misteriosa.
La noche entra también con ese fresco del crepúsculo de verano que hace que un escalofrío me recorra la espalda. Se escucha un coche circular a lo lejos… pero no pueden medirse las distancias en la noche. Algunos pájaros nocturnos, acechantes entre los árboles, ululan. Y su ulular en la noche no rompe el silencio, sino que lo hace más inmenso. Son el eco de la oscuridad, el reflejo del silencio.
En mi interior, mi yo más prudente me dice que cierre la ventana y vuelva a la seguridad de mis sábanas. En cambio, otra voz más aventurera me reta a adentrarme en la noche. Ve –me dice- a la noche. Descubre la vida salvaje, arriésgate, haz locuras. Yo sonrío ante el reto que me propone mi propia conciencia.
Está bien –me dije- vayamos a la noche, descubrámosla.

martes, 19 de junio de 2012

Música

Después de un tiempo sin que me visitasen las musas, esta mañana he conseguido hilvanar unas palabras. No tienen nada de extraordinario, pero ahí están, y algo es algo. Bueno, aquí os lo dejo:


Dejé que se me llevaran los acordes melodiosos, intangibles, a algún lugar no sé muy bien dónde. La música florece y se extingue en el tiempo y, en cambio, es puerta que se abre a mundos intemporales.

¡Oh, música de los dioses! Deidad en sí misma, ritmo divino, armonía celeste, melodía antiquísima, siempre joven.

La música abre puertas, tiende puentes, como la palabra, entre lo divino y lo humano, entre lo finito y lo infinito, lo mortal y lo imperecedero.

Y te miro a ti haciendo tu música, abriendo puertas, tendiendo puentes, mostrándome el mismo mundo de siempre de otro modo absolutamente desconocido, y pienso que quizá seas alguna suerte de arcángel que viene a abrirme los ojos.

Pero termina la obra, escrita por un mortal, y tu sonrisa inabarcable me recuerda que no eres ningún ser impalpable, incorpóreo, sino que eres hombre, como yo, hecho de carne y de sangre.

Tu corazón, como el mío, tiene las mismas flaquezas y los mismos anhelos, tu alma sufre de lo mismo que la mía y tu espíritu se engrandece por las mismas cosas que el mío propio.

Termina el concierto. Te doy un apretón de manos. Gracias. Lo digo de corazón, gracias. Hoy me has enseñado lo que significa ser hombre.

domingo, 10 de junio de 2012

Sueños

Este relato corto lo escribí pensando en un concurso sobre los sueños de juventud, pero finalmente no lo presenté, así que he decidido desenterrarlo para morerescultural. Espero que os guste.


El sol de la mañana doraba su torso desnudo. Los brazos tostados, como el pecho, estaban manchados de mil colores. Su sombrero ancho de paja le ensombrecía los ojos verdes, fascinantes, extraordinarios, ventanas del alma; capaces de expresar el amor más apasionado y el odio más profundo.

Y esos ojos miraban con expresión vivaracha un lienzo a medio pintar. Se veían las líneas dibujadas a carboncillo por debajo de una fina capa de pintura muy aguada. Aquello que pintaba apenas era todavía el sueño de un cuadro que iba tomando forma.

Y dejaba soñar a su pincel. Soñaba cosas maravillosas. Una pintura inmensa, eterna, capaz de decir un millón de cosas a quienquiera que la viese. Cuatro pinceladas bien dadas y parecía que la luz quedara atrapada en el pigmento. Vivía pintando sus sueños y soñando sus pinturas. Y nunca se cansaba de soñar. Soñó cosas altísimas. Soñó un viaje en barco. Soñó que surcaba los océanos con la más atrevida de las tripulaciones. Soñó que atravesaba cien tormentas y gritaba al viento mil canciones de piratas.

Soñó un océano infinito, y que era todo para él. Soñó que era su barco su tesoro, su dios, la libertad, su ley, la fuerza y el viento, su única patria, la mar. Y soñó el ruido ensordecedor de los cañones de bronce, y los gritos de “al abordaje”, y las victorias, y las derrotas. Soñó que en su travesía se enfrentaba a lobos de mar y a los demonios de las profundidades, que cortaba la cabeza de Medusa y se ataba al palo mayor para evitar a las sirenas. Soñó que en su periplo lo acompañaban algunas personas extraordinarias, por quienes hubiera dado, sin pensarlo dos veces, la vida entera. Y soñó que un día, cansado ya de navegar, abandonaba su navío para que otro marinero con ansias de aventura lo encontrase, y embarcaba en un velero de blancas velas que avanzaba sin necesidad de viento para poner rumbo por fin y para siempre a Ítaca.

Y cuando el sol ya se ponía y sus brazos tostados se habían vuelto fláccidos, y su sombrero de paja se le cayó de la cabeza y sus ojos verdes se hundieron todavía más, y su pelo se volvió gris y su barba cana, firmó el lienzo, guardó los pinceles, y toda su vida (vivida, soñada) quedaba atrapada sobre la tela.

domingo, 20 de mayo de 2012

Nieves

Este microrrelato nació de un comentario de texto que hicimos en clase de Literatura. Teníamos que terminar un texto, y yo lo hice de este modo. Un amigo me sugirió que lo pusiera en el blog, y aquí lo tenéis, espero que os guste.


Decidí buscarla, muchos años después. No sé qué me movió a hacerlo, pero lo hice. 

Entré en la papelería y seguía estando allí. La acompañaba un muchacho joven y fuerte que, a juzgar por las canas de Nieves, debía ser su hijo. Me acerqué a ella, le sonreí y le dije: “Hola”. Ella me miró a los ojos y me dijo: “Buenos días, ¿qué desea?”. No vi un destello de reconocimiento en sus ojos, ni un despojo de complicidad en su sonrisa. Ella no sabía quién era yo, y, por supuesto, no sabía que la conocía, ni mucho menos que yo la había amado en secreto cuando teníamos quince años y una vida por delante.

Me aplastaron la realidad y mi cobardía. Al final acabé comprando un par de lápices y una goma de borrar y, si hubiese podido, hubiese comprado una oportunidad de volver a aquellos años y decirle lo que sentía.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Escribir

Hoy quisiera compartir con vosotros un microrrelato acerca de escribir. La Poesía Viva, o Vivismo, defiende aquello de que "verba mutabunt mundum"; las palabras cambiarán el mundo. Y como las palabras cambiarán el mundo, es necesario que escribamos. ¡Escribid! ¡Y enviadnos vuestras colaboraciones!

Escribir. Es fácil. Es tan sencillo –tan complicado- como soñar. Simplemente coge un bolígrafo y una hoja de papel, y empieza a soñar. Deja que la pluma baile entre tus dedos. ¿Cómo te sientes? ¿Estás triste? Usa palabras melancólicas. Tardes grises – o en italiano, más tristes aún, sere nere- lluvia, viento huracanado, incomprensión, miedo, la cara entre las manos, un rincón oscuro y no querer saber nada de nadie. Pero no tienes motivos para estar triste. ¿Que estás feliz? Pues levántate del rincón oscuro, ponle música de fondo -¿un arpegio de guitarra española?- y baila bajo la lluvia. De pronto, estallas en una carcajada colosal, fascinada porque escribir es fácil, y parece que Dios escucha tu risa y no puede evitar sonreír. Y ya se sabe que cuando Dios sonríe las nubes ya no lloran, y el sol vuelve a lucir en el cielo azul.
Y de repente te das cuenta de que huele a hierba mojada, y te sorprendes de que vives. Caes de rodillas y arrancas unas flores silvestres, salvajes, superlativas. ¡Oh, qué delicia! Y de pronto vuelves a la realidad y ves que sigues en tu escritorio, con la respiración entrecortada, con la pluma entre las manos –no era más que un boli bic- y preguntándote qué ha sido de la lluvia y la hierba mojada, y las flores y los sueños. Entonces ves que siguen ahí ocultos en forma de palabras, y tu corazón se ensancha de nuevo y te preguntas cómo habías podido vivir tanto tiempo sin escribir.
Y tienes un flashback; recuerdas que tienes vergüenza de escribir. Entonces en tu interior luchan dos sentimientos opuestos. Quieres –necesitas, reconócelo ya- escribir, pero tienes una vergüenza atroz. ¿Qué dirá la gente? ¡Es que para escribir tendrías que descubrir tus sentimientos más profundos! Por favor. ¿Acaso no sabes que todos somos humanos? Todos tenemos las mismas grandezas y las mismas miserias. Tus logros son los de todos. Tus fracasos, de la humanidad entera. ¿Piensas de verdad que eres la primera en enamorarse? ¿Qué nadie antes de ti se ha dado cuenta de lo hermosa que es una puesta de sol, un amanecer en la playa, un almendro en flor, una sonrisa auténtica, un beso furtivo…?
Pues sí, amiga, escribir es decir lo que todos sabemos pero nadie dice. Escribir es sacar a relucir esas palabras -¡benditas palabras!- que cambiarán el mundo. Escribir es soñar tus particulares sueños, que son, paradójicamente, nuestros sueños colectivos. Escribir es vivir.

lunes, 30 de abril de 2012

Café con hielo

Hoy quisiera compartir con vosotros un relato corto que escribí no hace mucho a raíz de una conversación con un amigo, gran lector y gran poeta. Es mi granito de arena.

La plaza de la Virgen de Valencia era el escenario ideal. Si cerrabas los ojos escuchabas el agua de la fuente soñar despreocupada, el aleteo de las palomas que pasaban sobre tu cabeza, las sillas que se arrastraban concluyendo conversaciones, las voces que discutían animadas el partido de ayer y a los niños gritando en su propio partido.
Si, entonces, abrías los ojos, veías el espectáculo de luz y color que es Valencia en el mes de abril. El sol se reflejaba en las paredes de los edificios, en la catedral y en la basílica, en el suelo, en las miradas.
Agité mi café con hielo y escuché el sonido de los cubitos que chocaban entre sí. Le di un trago y lo dejé reposar de nuevo sobre la mesa. Me lo quedé mirando, con aquella luz que atravesaba el cristal, y los cubitos de hielo, y el propio café, y pensé que era hermoso.
Y me perdí en uno de los reflejos del cristal y volé. Volé alto. Primero cogido de las alas de una paloma y después de las plumas del viento y luego con mi alma tan humana, tan divina.
Y de pronto respiro y vuelvo a mi lugar, sentado en una plaza bebiendo un café con hielo. Miré a toda la gente que había a mi alrededor. Pensé que era extraño que ninguno se hubiese dado cuenta de cuánta belleza allí había. ¿Qué clase de hechizo les cerraba los ojos? ¿Qué extraño ímpetu les hacía andar tan rápido que no eran capaces de detenerse a contemplar el espectáculo de la belleza?
Y me digo a mí mismo que o bien yo estoy loco y veo cosas que no existen, o bien todos los demás están ciegos. Si ellos están ciegos quisiera ayudarles a recobrar la vista.
Si yo estoy loco… bueno, si yo estoy loco, quiero que todos prueben mi locura.

lunes, 23 de abril de 2012

¡Feliz Día del Libro!

Hoy es 23 de abril, Día del Libro. Es tradición en Cataluña regalar por San Jorge un libro y una rosa a la mujer amada. No soy catalán, pero me gusta esta tradición. Regalemos historias y flores.
El 23 de abril de 1616 fallecieron Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare, por eso se eligió esta fecha. Así que este es el mejor día del año para hablar de historias y de palabras. Os animo a que leáis mucho -seguro que lo hacéis, si no, no frecuentaríais este blog- y también a que escribáis. Arte. Y hoy, literatura. Palabras. Palabras que cambien el mundo. Hoy quiero compartir con vosotros otro microrrelato en clave de Poesía Viva.

Hoy me he perdido entre las palabras. He abierto un libro y entre sus tapas he jugado al escondite con la realidad. He soñado que vivía una vida que no era mía; una vida de palabras atrapadas en el papel.
Cuando muera quisiera ser una historia para que alguien la lea y la viva de nuevo conmigo, y volver a esconderme entre las palabras, a saltar sobre las oes y tropezarme con las comas, y quedarme dormido sobre los puntos suspensivos, y que, llegado el punto final, alguien pulse replay y todo empiece de nuevo.

jueves, 12 de abril de 2012

Poesía Viva

Hace tiempo que no hablamos de literatura. Y es el momento de que morerescultural hable de Poesía Viva. Poesía Viva es un movimiento artístico recién nacido, creado por el valenciano Luís María Sancho Pérez, y que podría definirse como el Nuevo Romanticismo. Este nuevo estilo pretende ser una llamada al mundo. Poesía Viva consiste en robar la poesía de todas las cosas de la vida, de las más grandes y de las más pequeñas, y hacer notar que todas ellas trascienden y que siempre hay motivos para ser feliz. No sé si la he definido del todo bien y de acuerdo con la idea de su padre, pero creo que se acerca.
Además, Poesía Viva -que no os engañe el nombre- no alcanza solo literatura en verso. También incluye prosa, y no sólo eso, sino cualquier manifestación de arte. Poesía Viva puede ser un poema, una novela, una palabra, una canción, un lienzo, una escultura, un baile, una fotografía o un almendro en flor.
Hecha la introducción a Poesía Viva quisiera compartir con vosotros unmicrorrelato que escribí no hace mucho y se adscribe a este movimiento:
Hoy estoy tumbado en la azotea. De espaldas, el sol se pone tras la montaña; de frente, el mar sonríe plácido. Cierro los ojos y oigo la ciudad. Hay coches que van de aquí para allá, acompañados por el ruido de motores y cláxones. Se escucha un perro ladrar, y a gente gritando en un partido de fútbol.
El viento, al abrazarme, me hace cosquillas, como queriendo jugar conmigo a robarle la belleza al mundo.
Algunos pájaros cantan aquí cerca, y las campanas de la iglesia dan las seis en punto.
Y yo me tumbo boca arriba y veo el cielo inmenso y azul, y me siento como un criminal, como si nadie debiera saber que estoy aquí, tumbado en la azotea, robando palabras.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Las palabras

Las palabras tienen tal capacidad de expresión y tal poder de evocación, que son objeto de creación artística, mucho más que ningún otro medio.
Cada palabra –y en eso refleja la configuración del hombre- tiene cuerpo y alma: tiene sonoridad y tiene significado.

La significación abarca no solo lo que podríamos llamar la “significación convencional”, que está recogida en el diccionario, también el conjunto de evocaciones que despierta y las relaciones sutiles que la palabra guarda con expresiones hechas.

El poeta Miguel D’Ors decía “que escribir, más que mística o magia o profecía,/ es agrupar palabras en paz y compañía.”

“Amar las palabras –recomienda el poeta Max Jacob-. Repetirlas, hacer gárgaras con ellas. Tal como un pintor ama una forma, una línea, un color.”1

Siguiendo este principio de evocación de las palabras escribí una vez este relato. Aquí os lo dejo. Por si os sugiere algo.

Bolígrafo…
¡Qué palabra tan vulgar!
Y, sin embargo, serviría para realizar aquel viaje.

Y es que Guillermo, cuando escribía, viajaba.

Siempre hacía lo mismo. Sobre un papel en blanco apuntaba una palabra, solo una, con trazos fuertes y seguros.
Luego, cerraba los ojos…
Y esperaba.

Aquella palabra escrita, primero balbuceaba… luego se retorcía, y acababa engendrando un sinfín de palabras que Guillermo iba poniendo en paz y en armonía.

Y así surgían los paisajes, las historias, los compañeros de aquel viaje…

Un día, por ejemplo, se le ocurrió escribir la palabra “piedras”.
¡Qué viaje tan doloroso…! Las jotas y las erres le quebraron la mandíbula… Jadeando, no diré ascendía; trepaba entre barrancos, riscos y peñascos, agarrado a las carrascas y a las tristes rocas grises. Y a cada paso bramidos, y en cada zarza jirones. Ásperos gruñidos…, gritos estridentes… afilados espinos… y entre tanto, arrancando con los dientes pedazos de alquitrán…

Fue duro aquel viaje. En cuanto pudo lo olvidó por completo.

Otro día, con letras muy grandes, escribió la palabra “melancolía”. Con los ojos cerrados repitió despacio… me-lan-co-lía.
No tardó en aparecer el otoño vistiendo de herrumbre cuanto cubría…
Melancolía, repitió. Y emergió el decorado:
Los últimos rayos de un sol moribundo herían los vientres hinchados de unas nubes de algodón despeluchadas. En el horizonte, un reguero cárdeno de sangre y azufre completaba el cuadro…
Melancolía…
Elásticos abedules bailando al compás del viento…
Melancolía…
Y brotaron olas, transportando en sus crestas el inconfundible olor del salitre… y lágrima, y orilla, y suave brisa…
Melancolía…
Y la respiración del mar entró en escena piano –música de fondo-… Unos pies desnudos anclados en la arena… gaviotas, leve bruma… y unos ojos conocidos soñando en no sé qué infinitos…

A Guillermo aquel viaje le cambió por completo…
Tardó mucho en embarcarse de nuevo…

Hasta que, hace poco, sentado frente a un folio en blanco escribió:

“Bolígrafo”
¡Qué palabra tan vulgar…!
Y, sin embargo, sirvió para un nuevo viaje.

______

1 Cfr. Humanismo. Los bienes invisibles. Juan Luis Lorda. Rialp 2009. Pp.127-131.

sábado, 28 de mayo de 2011

La primavera

Llegó la primavera. Se ve que ya no podía más allá dentro donde estuviera y estalló toda de golpe, abriéndose en flores y entusiasmos, en aromas, en sueños…
Los almendros de Mariano se cubrieron de nata y de abejas, las hortensias y las orquídeas tomaron los jardines del colegio y todo pareció vestirse de fiesta. Hasta el cielo guardó su ropa de invierno y sacó a relucir sus pañuelos al viento. Las olas del mar se engalanaron con mantillas y el paseo central de niños, músicas y estorninos… ¿o eran tordos? Ya no me acuerdo.
Lo que no me esperaba fue lo de Norberto. Apareció un día la mar de grotesco. En su cabeza había brotado un campo de avena, sus brazos se alargaron por lo menos dos metros y sus dedos parecían de azúcar moreno. Caminaba sobre nubes, hablaba mariposas y se diría que rompía vidrieras cuando reía.
Era fantástico, intentó que no se le notara, pero todo el mundo supo que se había enamorado.


Japo.

jueves, 3 de marzo de 2011

Decir callando


Este microrrelato lo encontré navegando por la web. Es de un tal Francisco González, a quien no había leído nunca, pero no está mal.

Sus ojos, su sonrisa, su gesto, dicen lo que su boca calla, como la mía, que sin decir "te quiero" lo grita en cada momento. Sé que la quiero. Sé que me quiere. La miro. Me mira. Nos miramos. Le sonrío. Me sonríe. Nos sonreímos. Callo. Calla. Callamos. Me reprocha no habernos visto. Le prometo nos veremos. Ríe. Sonrío. Nos decimos, sin decirlo, que nos queremos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Realidad


Era un silencio inhumano. No se oía en la lejanía las olas chocando contra las rocas. Ningún ruiseñor cantaba. Ni ningún reloj hacía tic tac. Era un silencio opresor, que prácticamente dolía en los oídos. Los libros cerrados no susurraban viejas historias y la moqueta antiquísima no hablaba de países lejanos. El sol que entraba por la gran ventana con vistas al mar no traía mensajes de viajeros perdidos, ni el aire salobre el grito de un náufrago. Ni el viejo escritorio hablaba del inmenso bosque de donde venía su madera, ni el sillón orejero de piel oscura contaba historias de princesas y dragones. Sólo silencio. Silencio y ese hombre sentado al escritorio. Y el sonido de la pluma mojada en tinta rascando el papel amarillento y rugoso.
Y escribía. Imaginaba. Imaginaba una historia nunca contada de caballeros y princesas y naufragios y dragones. Aquel hombre levantó la vista del papel y se encontró con la triste realidad de su moqueta y su escritorio y su sillón y sus libros, y, muy triste, decidió volver con su pluma y su papel amarillento hacia la realidad -más real que la otra- que él había creado.
Teo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Cubismo

Este microrrelato de Miguel Peñarroja quizá os recuerde otro muy famoso...

Cuando me desperté, mi casa se había desmontado en cubos.

Miguel Peñarroja
(11 años, 6º Primaria)

viernes, 19 de noviembre de 2010

La esquina de la vida

Aquí os dejo un sencillo microrrelato compuesto hace un par de años. Espero que os guste

Pasó a su lado sin rozarle. Golpeado por su presencia, casi se había girado para mirarla cuando recordó que él no creía en los flechazos ni en el amor a primera vista.... “¡Tonterías de románticos y bobalicones atiborrados de novelas rosas y comedias de sobremesa!” Se dijo, y continuó su camino.
Dos pasos más allá, la echaba tanto de menos que, olvidando sus principios, volvió la vista atrás y la buscó entre la multitud... Pero era tarde. Ya había doblado la esquina de su vida.

Miguel Ángel Jordán.
(35 años. Escritor y Profesor)